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viernes, 3 de enero de 2014

Opinión. UNA FÁBULA PARA COMENZAR EL AÑO: “¿COMO ENTENDER EL SOCIALISMO?”


¿Será posible hacer comprender a las grandes mayorías del
significado del socialismo como error intelectual?
Ahora que comienza el año 2014, y se nos viene encima un gobierno socialista repleto de “buenas y nobles intenciones”, no debemos olvidar que el camino a infierno está construido sobre los cráneos de millones y millones de personas que alguna vez tuvieron buenas y nobles intenciones. Por eso, conviene entender cómo funciona el socialismo, ¿qué es?, ¿en qué consiste?, ¿qué significa? y ¿cuáles son sus principios básicos?. Por lo tanto, vale la pena intentar ejemplificar, en base a unos sencillos razonamientos, como funciona el socialismo.

LA FÁBULA “CÓMO ENTENDER EL SOCIALISMO”

Había una vez en un lejano país que la gente comenzó a salir a las calles para reclamar por tener una educación basada en principios socialistas.

Y las universidades que se preciaban de ser instituciones de excelencia comenzaron a exigir a sus docentes que aplicaran dichos principios tan sabios en sus respectivos cursos.

Así fue que un profesor se enfrentó a esta situación durante la presentación de su tema, economía. Porque en medio de la introducción a dicha asignatura se suscitó un debate entre el profesor y un grupo de alumnos, quiénes insistían que los nuevos principios socialistas eran la clave para mejorar el rendimiento en educación, ya que de esa manera se derribarían las barreras de las clases sociales y todos seríamos iguales. Así, planteaban:

 - Alumnos: “Así cómo la producción y la riqueza deben ser repartidas igualitariamente entre todos para el beneficio común, la educación debe ser igualitaria…Por eso, debemos lograr que la igualdad educativa sea el hilo conductor de toda la sociedad…Por lo tanto, le solicitamos a nuestro profesor que defina la forma en que estos principios, tan vitales para las grandes mayorías, se hagan carne en la asignatura de Economía…”.

Los aplausos de los adherentes a esta propuesta eran enormes y resultaba imposible escuchar las otras posturas. Luego de hacerse un relativo silencio, el docente, viejo lobo de mar de la educación, pidió la palabra y les dijo lo siguiente:

 - Profesor: “Jóvenes queridos, vuestra enorme pasión me hacen pensar en lo viejo que me he puesto…Y tampoco me olvido de mis principios, por lo que les propongo, como expresión democrática y para respetar el deseo de la mayoría, que votemos por las siguientes alternativas…

…Alternativa 1: En las dos cátedras y examen, cada uno obtendrá la nota individual en función de su propio esfuerzo o…

…Alternativa 2: En las dos cátedras y examen, y para poner en plena práctica vuestros deseos de igualdad y justicia social, les propongo que la nota que obtengan cada uno de ustedes sea el promedio que obtenga el curso entero. Es decir, la nota será igualitaria y cada uno obtendrá como calificación el resultado del estudio y esfuerzo común, de todos…”

Aunque no todos los estudiantes entendieron muy bien la Alternativa 2, aquellos que valoraban menos el estudio y que eran los más numerosos, votaron de inmediato la propuesta de la Alternativa 2, logrando fácilmente la mayoría de los votos.

Al llevarse a cabo la primera cátedra, las calificaciones promediaron un 5.0 para todos. Como es natural, los buenos estudiantes, que habían obtenido notas superiores por el mayor esfuerzo y preparación estaban disconformes, mientras que los malos estudiantes que habían obtenido notas reprobatorias porque NO habían estudiado se encontraban muy satisfechos y felices.

Los comentarios comenzaron a escucharse…

 - Buen Alumno: “¿Qué saco con prepararme y esforzarme si al final obtengo la misma nota que los que no hacen nada”

 - Mal Alumno: “¿Obtener más con menor esfuerzo? ¡Excelente idea! ¿A quién no le conviene?”

Poco a poco, la motivación de los buenos estudiantes fue decayendo; se perdió el entusiasmo y el afán de superación; nadie quiso ya estudiar ni hacer tareas ni dedicarle más tiempo a la materia. El interés se desplomó...¡Era de esperarse!. Mientras tanto, los malos estudiantes se decían “¿para qué estudiar…que los hagan los otros?”.

Y, llegó el momento de la segunda cátedra.

 - Mal Alumno: “¿Para qué pierdo mi tiempo en estudiar?…¡Que estudien los otros…si al final todos obtendremos la misma nota!”.

Así, el mal alumno estudió aun menos.

 - Buen Alumno: “Para que pierdo mi tiempo en estudiar si al final los más flojos me perjudicarán igual?, ¿Qué gano con esforzarme si no podré obtener la nota que merezco? ¿Para qué desvelarme estudiando  si de todos modos no se toma en cuenta mi esfuerzo?”.

Y...los buenos alumnos también estudiaron menos.

Por lo tanto, el promedio de la segunda cátedra fue 4.0…¡el mínimo de aprobación!.

El curso se estaba alborotando porque nadie parecía estar conforme. Los buenos estudiantes se quejaron de que no tomaban en cuenta su dedicación ni esfuerzo, pero los malos estudiantes planteaban que los otros debían esforzarse más porque era totalmente justo obtener mejores notas a través del esfuerzo de los demás, pues las calificaciones tenían que obtenerse y “repartirse igualitariamente entre todos...”. ¡Y aun exigían más…Deseaban que estos principios básicos del socialismo fueran obligatorios en toda la universidad para todos los cursos y carreras!.

Y, llegó la hora del examen final, clave para la aprobación-reprobación de la asignatura. Y el promedio fue de 2.0 (dos)…¡Todo el curso había reprobado!.

Y el curso se alborotó, dando inicio a una pequeña revolución, buscando al culpable…Los estudiantes comenzaron a pelear entre sí culpándose unos a otros por los fracasos obtenidos hasta llegar a los resentimientos, los insultos, e inclusive a los golpes, ya que ninguno estaba dispuesto a dar su brazo a torcer y reconocer lo que habían hecho...

Y, hablaron los malos alumnos en primer lugar...

 - Mal Alumno: “¿Cómo es posible que esto haya sucedido?, ¿en dónde quedó la solidaridad y la igualdad?, ¿de qué sirven los nobles principios socialistas si algunos no cumplen el papel que les corresponde?, ¿Cómo es posible que los alumnos más dotados no hagan el aporte social que les corresponde hacer?...La culpa es de ellos por no hacer su aporte…”.

Así, luego hablaron los buenos alumnos...

 - Buen Alumno: “Ustedes, nos culpan a nosotros de la situación generada, pero ¿cuál fue el aporte de ustedes?, ¿les conforma no hacer nada, descansar y esperar seguir viviendo a costa nuestra?, ¿es justo que ustedes no hagan nada?, ¿es justo que vivan del esfuerzo de otros?, ¿qué ganamos con esforzarnos si no podremos obtener para nosotros los resultados que merecemos?, ¿para qué desvelarnos estudiando si de todos modos no se toma en cuenta nuestro esfuerzo?...¡Y nos culpan a nosotros…!...La culpa es de ustedes por su desidia y falta de interés…”.

El curso entero había reprobado, y el profesor preguntó:

 - Profesor: “¿Han comprendido el significado del socialismo y su alternativa?...”.

La lección había terminado.

Moraleja: El ser humano está dispuesto a sacrificarse trabajando muy duro cuando la recompensa es atractiva y justifica el esfuerzo propio; pero cuando, por alguna razón, se suprimen dichos incentivos y le arrebatan a los que más producen para entregarle a los menos productivos, al final nadie va a hacer ya el sacrificio necesario para lograr la excelencia. Por supuesto que no. ¿Para qué?. Al final el fracaso será general.

PANORAMA Liberal

Viernes 3 Enero 2014

2 comentarios:

etikhe dijo...

Eso es una caricatura del comunismo; el socialismo no es tal extremismo. No olvides que el liberalismo tiene su propia caricatura que es el neoliberalismo, donde se permite competir pesos plumas con pesos pesados bajo las mismas reglas, incluso que estos últimos sean quienes las pongan.

PANORAMA LIBERAL dijo...

Por supuesto que son extremos. La cuestión es ¿cuan cerca del extremo estamos?.

Sin embargo, un alcance. El neoliberalismo es una caricatura impuesta por el socialismo para no enfrentar a la libertad en despoblado. Así, más que neoliberalismo, nosotros hablamos de neosocialismo. Saludos.