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jueves, 9 de enero de 2014

Política. EL ABANDONO Y LA IDEOLOGIZACIÓN DE JÓVENES EN POLÍTICA.

¿Quiénes lideran las marchas por una mejor educación y otras necedades?...Los hijos de las familias ideologizadas de mentalidad socialista...¿Y quiénes se lo han permitido?...Las familias que le han dado la espalda  al enorme valor de la libertad...¿pueden creerlo? 
Desde hace algunos años se ha producido un fenómeno contradictorio: mientras una gran mayoría de jóvenes le ha dado la espalda a la política, una pequeña minoría ideologizada de mentalidad socialista ha asumido posiciones de vanguardia, en especial, en lo referente al tema de la educación. Y las explicaciones son razonables.

En primer lugar, una gran mayoría de jóvenes no ven en la política una actividad noble y merecedora de su atención, muy probablemente porque en sus propias familias se denigra a la actividad política como una especie de vertedero en que proliferan las moscas más pestilentes que puedan existir. Y pueden tener razón, pero, además, este desinterés muestra a las claras dos cosas. Una, las familias consideran que la política no nos va a cambiar la vida, y dos, creen que la política siempre les cambia la vida solo a unos pocos. En otras palabras, el vertedero político solo puede ser soportado por un cierto tipo de personas, y no todos tienen el estómago para ello.

Estas familias y sus hijos, además, observan con indiferencia la rotunda pobreza conceptual, ignorancia y sectarismo de los formadores de opinión, que impide el debate racional y el enfrentamiento civilizado de las distintas posiciones políticas, resultando de ello un consenso burdo y sin argumentos respecto del sentido en que gira el mundo. Por eso, no sorprende como los, supuestamente, más cultos y preparados intelectuales, periodistas, políticos y líderes de opinión, sucumben ante el arrojo y los falaces argumentos de una camarilla de jóvenes socialistas que destacan más bien por la pobreza de sus argumentos que por la maravilla de lo que enuncian. Estos son la minoría ideologizada, la otra cara de la medalla de la juventud.

Entonces, en segundo lugar, la indiferencia ciudadana ha sido el caldo de cultivo perfecto para que una minoría haga sentir sus gritos antes que sus argumentos. Esta es una minoría de jóvenes que han sido ideologizados por sus familias socialistas, que son incapaces de pensar por sí mismos y son verdaderos robots que repiten eslóganes ideológicos que se escurren por sus labios como el aire que respiran. Por lo tanto, su presencia en los medios de comunicación y la ausencia de debates exigentes, han validado a estas minorías hasta ser considerados los reales portadores de la verdad revelada. Esta situación les permitió posicionarse en la opinión pública para ingresar al Congreso Nacional como diputados, y lo que roza lo ridículo es que algunos de los “honorables” diputados, más experimentados y más viejos, les han ofrecido a estos niñitos y niñitas, de nula experiencia de vida, la presidencia de comisiones para dirigir la creación de leyes que “nos cambiarán la vida”. En realidad, estos “antiguos honorables” son irresponsables al pretender lavarse las manos de esta manera, exponiendo a los “nuevos honorables” como si esto fuera un juego de niños. Y la situación no es trivial, porque estos nuevos inquilinos de la institucionalidad no están jugando y pueden llevar a provocar quiebres institucionales de cierta envergadura.

Ya se ha hablado en demasiado de la camarilla de los Vallejo, Jackson, Ballesteros, etc. y conviene fijar la mirada en otro miembro, mas reciente, de esta camarilla de jóvenes socialistas ideologizados in extremis como la ex vocera de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), Eloísa González, quién, también, tiene una sorprendente presencia en los medios de comunicación. Y de nuevo se repite la historia porque nadie parece capaz de cuestionar sus débiles argumentos que se basan en una ideología que sus padres han cultivado con dedicación y que consideran una verdad iluminada.

Esta niña ha dicho, por ejemplo, respecto de las pasadas elecciones que “la abstención es un fenómeno que refleja la situación en la que estamos actualmente. No va a generar cambios, pero como acto político o como fenómeno que expresa este malestar y esta realidad, también expresa desafíos que tenemos que tomar en cuenta…

…El conjunto de la población no siente que sus demandas y problemas vayan a ser resueltos por la vía institucional y, ante eso, es necesario encontrar distintas alternativas y caminos que desemboquen en la construcción de una solución más inmediata…

…Las elecciones son una herramienta que no se puede descartar de por sí…En las actuales condiciones, con un sistema y una institucionalidad determinada, para los movimientos sociales y para avanzar en cambios, las elecciones no son algo efectivo…

…Es mucho más dogmático y absolutista cuando la gente critica este llamado a la abstención hablando que la democracia solo se expresa en estas elecciones. Para nosotros, la democracia tiene muchas aristas. Nuestros padres lucharon contra la dictadura no para recuperar el voto solamente, sino por un proyecto, el socialismo. Entonces es necesario cuestionarse desde ese punto de vista: profundizar por qué la abstención y cuestionarse la democracia que tenemos actualmente…

…En Chile existe un cambio de ciclo político…y no existe una crisis de representación, sino una crisis de hegemonía, en que el conjunto de la población está cuestionando los paradigmas o visión de mundo que ha impuesto esta clase política…

…Existe la necesidad de cambiar esta sociedad y no delegar la responsabilidad a unos pocos nuevamente. Eso me parece interesante, porque permite vislumbrar que esa necesidad puede traducirse en un proyecto mucho mayor, que traspase la institucionalidad actual. Eso me parece rescatable y hay que considerarlo desde los movimientos sociales…”.

Son las mismas letanías socialistas que hemos escuchado por décadas y que son repetidas por estos jóvenes como si fueran la piedra filosofal redescubierta…”el pueblo está molesto…las instituciones no le resuelven los problemas…se debe usar la democracia con el fin de implantar el socialismo…los socialistas buscan la hegemonía…existe la necesidad de cambiar la sociedad…”. Estamos en presencia de una joven socialista ideologizada por su familia (¡sería digno de un estudio memorable investigar como las familias llenan la cabeza de sus propios hijos de tales bobadas y estupideces!) que nos habla, casi directamente, de su pretensión de imponer por medio de la fuerza, sin razonar y sin buscar consensos. En general, ¿por qué la sociedad permite y valida la opinión de una muchacha en formación, con escasa preparación para la vida (circula en los medios de comunicación que la señorita Eloísa González, en la PSU, obtuvo en Matemáticas: 240 puntos; Lenguaje: 427 puntos; Historia: 124 puntos), y con nula experiencia de vida?, ¿Por qué permitimos que la inexperiencia llene titulares de medios de comunicación como si fuera la verdad revelada?...

Probablemente, algunos de mis lectores dirá: “¡Todo el mundo tiene derecho a expresar su opinión…hay libertad de opinión!”. Pero, la cuestión no es esa. El tema es la manifiesta debilidad de la sociedad que se deja manipular impunemente por una camarilla de personitas en proceso de formación, ignorantes en muchos ámbitos, inexpertas en otros tantos e irreflexivas en muchos más. Lo más grave es el comportamiento de la intelectualidad nacional que, se supone son líderes de opinión, para contrastar y poner en el lugar que corresponde las letanías de una minoría de fanáticos de corta edad; nadie los confronta y sus opiniones se leen como una especie de verdad absoluta.

Por eso, resulta válido preguntarse ¿en donde están las personas inteligentes y razonables?, ¿en donde están los intelectuales que debieran estar filosofando respecto del futuro del país?, ¿por qué permiten que niños y niñas sin experiencia pongan los temas en la agenda pública?, ¿qué tipo de liderazgos tenemos que no son capaces de atender las necesidades del pueblo que gobiernan?, ¿Por qué las familias contaminan a sus propios hijos con ideologías fracasadas por la historia y por la vida?...

Finalmente, ¿en donde están las familias responsables que no motivan a sus hijos para que defiendan las ideas de la libertad en los centros de alumnos de los colegios y universidades para influir en los movimientos estudiantiles?. Entonces, los grandes responsables del surgimiento de esta camarilla de ideologizados socialistas son las familias que se han decepcionado de la política y la han dejado en manos de una minoría para que haga lo que quiera, ¿seguiremos soportando tantas necedades?...

PANORAMA Liberal

Jueves 9 Enero 2013

Opinión. DIVAGACIONES SOBRE NUESTRO FUTURO.

¿Que habremos hecho mal para merecer lo que tenemos?.
Estamos en época estival y todo debiera marchar más lento, pero está sucediendo todo lo contrario, porque las coaliciones políticas de derecha e izquierda están sumamente activas. Una, la izquierdista, se prepara para dar el manotazo a la riqueza fiscal de la cuál estuvieron fuera por largos cuatro años, y la otra, la derechista, se debate entre acusaciones de traiciones, cuchilladas por la espalda, abandonos del alma mater política y denostación de sus propios correligionarios.

La política, en el mundo moderno, ya dejó de ser el campo de batalla de personas inteligentes, de maneras pulcras y refinadas, y lenguaje elegante y preciso, incluso para lo peor; hoy, prolifera la poco inteligencia y las maneras toscas, vulgares, y la coprolalia se expande como las moscas en los vertederos. Hoy, la batalla por el poder y sus beneficios pecuniarios es campal y las formas poco importan; la ordinariez prevalece. Como decía un amigo…”la vulgaridad ya es la norma, la gente educada y atenta es una especie en retirada…¿podremos permitir que la vulgaridad sea el estándar humano…?”. Viendo a nuestro alrededor, podemos observar como la vulgaridad nos asecha a cada paso en la forma de vestir, en la forma de hablar, en los temas que son tratados, en la manera en que las personas se tratan…Y tras la vulgaridad nos asecha algo peor: se está transformando en el nuevo estándar.

Al mismo tiempo que la vulgaridad campea por sus fueros, estos parecieran no ser buenos tiempos para que la libertad esté en el discurso vencedor; hoy, vale más la igualdad y el “tenemos derechos para hacer lo que nos plazca”. Lo demás: el deber, el respeto, el esfuerzo, la disciplina, el compromiso, las buenas maneras se baten en retirada…Por lo tanto, ¡ha llegado el momento sublime de los subsidios tipo “chao suegra” para que todos se vayan a vivir con ellas con el fin de apropiarse de una parte de la riqueza que no les pertenece!.

El discurso socialista se ha apropiado de la opinión pública y se muestra orgulloso en el vertedero social en que nos hemos convertido. Claro, porque la vulgaridad y la ordinariez, propias del vulgo e iletrado, son la clave para entender el futuro que se nos avecina.

Otro distinguido y querido amigo me recordaba el libro de Ortega y Gasset, La Rebelión de las Masas, en el cual se identifican dos actores sociales. Por un lado, está la masa, concepto en el cual se incluyen grandes capas de la población con un apetito voraz por apropiarse de las ventajas de la modernidad, exigir derechos y considerarlos propios por el solo hecho de existir; las masas ya no pueden esperar para imponer sus maneras. Y, por otro lado, está una minoría que es exigente consigo misma, consciente plenamente de sus obligaciones y deberes, que observa estoica como la masa vocifera se impone por la fuerza de los números. Sorprendentemente, ambos actores pueden estar dentro de una misma clase social.

Así, el código cultural que domina la masa es la vulgaridad, por medio de la cual se reconocen en cualquier parte. Lo paradójico es que son los más vulgares los que han liderado el discurso de “educación estatal, gratuita y de calidad”. Está de más decir que los vulgares solo desean la gratuidad para disponer de los recursos en otros fines más propios de su condición y porque consideran que la educación “es un derecho” como si fuera una cosa fácil de conseguir. Olvidan que el término educar implica sacar lo mejor de cada uno, desde adentro hacia afuera: valores y virtudes como la fortaleza, voluntad, autodominio, generosidad, perseverancia, respeto, tolerancia, etc. Educar no consiste en llenar la cabeza de datos e información a las personas lo que resulta insuficiente.

Por lo tanto, la vulgaridad solo puede ser combatida con la fuerza centrífuga de la educación, pero, en muchos prevalece la fuerza centrípeta de la vulgaridad, fácil de usar, cómoda y que permite que todos los vulgares se reconozcan entre sí. Resulta penoso el enorme potencial humano que permanece inerte bajo las capas de una vulgaridad reciente.

Y, finalmente, en esta masa vulgar el mensaje que ha calado hondo es el socialista que se adecúa a la lógica del menor esfuerzo y que considera válidos los siguientes supuestos:

SUPUESTO 1: La riqueza está ahí, y es de todos.

La masa socialista cree que la riqueza está ahí, está dada y solo basta tender la mano para alcanzarla; no se requiere esfuerzo ni sacrificios; solo basta una cierta cuota de trabajo para desprenderla de modo que todos puedan disfrutar de ella. Y se preguntan: ¿Por qué no todos somos ricos y disfrutamos de esas maravillas?. La culpa la tienen los capitalistas que se apropian de dicha riqueza para su propio beneficio y no les gusta compartir. Por eso, los odian y están resentidos con ellos…Al final, es la sociedad la culpable por permitir esta tremenda injusticia.

De aquí emerge el odio hacia aquellos más talentosos que han creado riqueza por su esfuerzo (por cierto, nos referimos a aquellos que nos han cambiado la vida con sus creaciones y no aquellos que han hecho riqueza de una licencia estatal). Surge el grito de batalla socialista: “¡NO AL LUCRO…!”, “¡TODOS TENEMOS EL MISMO DERECHO A DISFRUTAR DE LA RIQUEZA!”, “¡LA RIQUEZA ES INJUSTA!”. Y tantas necedades más que se dicen para expropiar la riqueza.

Esta gente no es capaz de reconocer que la riqueza requiere ser descubierta y no basta con ello: ¡requiere demasiado esfuerzo y correr riesgos que no todos estarían dispuestos a asumir!. La riqueza no está ahí, al alcance de la mano, sino que depende de la creatividad e innovación de algunas personas con el suficiente tesón y capacidad para desarrollarla. Por lo tanto, necesitamos que las personas sean libres de tomar la iniciativa y correr riesgos.

Esta es la razón por la cual el socialismo no cree en la libre competencia. Y, así, no les importa poner trabas en los mercados porque tienen la absurda convicción que la riqueza igual será generada…Y después se preguntan: ¿Por qué ya no crecemos como antes?...

SUPUESTO 2: Con esta gente alcanzaremos el desarrollo…

La masa socialista cree que es pobre porque otros son ricos. Así de simple. Los socialistas son fanáticos de las mayorías, cuando estas les son favorables, y por eso hablan de “sabiduría popular” o “el pueblo ha hablado”.

Sin embargo, el chileno medio está lejos de ser un sabio y, en todos los niveles sociales, no alcanza a satisfacer los estándares más exigentes de productividad a nivel mundial. Así, por el lado de las élites, nuestros empresarios han engordado en la cuna socialista y, por eso, son buscadores de ganancias fáciles y de corto plazo. No hay problema alguno, en calificar a muchos de ellos con la denominación de “mercachifles”, vendedores y compradores de cosas que crean y fabrican otros…¿cuál ha sido el empresario chileno –y su creación- que más ha aportado en aumentar nuestro bienestar?. Y no hablamos de demandar trabajo. Lo terrible es que no tenemos empresarios que hayan mejorado nuestras vidas.

Por su parte, los intelectuales chilenos se codean a diario con el pensamiento socialista, el que consideran la clave para superar la pobreza. Les disgusta que “sus excelsas creaciones” tengan que pasar por filtros comerciales o de rentabilidad…¡exigen financiamiento público para poder seguir “creando”…la cultura merece espacios!. La intelectualidad chilena es adepta al socialismo casi desde la cuna, y se han tragado la pildorita en forma completa y poco importa que hayan estudiado en buenas universidades del mundo desarrollado. En realidad, los intelectuales chilenos no son críticos de la sociedad que vivimos, son fanáticos de un futuro que se acerca.

Por su parte, el pueblo llano, la masa, destaca por su carencia absoluta de hábitos propios de un pueblo trabajador y esforzado; tienen carencias escolares básicas tan marcadas, que les impiden ir más allá, como no saber leer ni sumar; son perezosos, sacadores de vuelta y expertos en la excusa para no responder por sus fallos…Prestos para el jolgorio y los feriados, pero tardos para la exigencia y el esfuerzo duro. Responden al látigo del esclavista más prestamente que al cumplimiento del deber por sí mismo, quizás porque aun no se han independizado emocionalmente de los patrones de fundo…Al chileno medio le gusta que lo manden, y le den órdenes que obedecen, mascullando las vulgaridades propias de su condición; no tienen iniciativa y jamás se les verá exigidos al máximo.

Es decir, la ideología socialista usa a estos pobres infelices para perpetuarse en el poder y seguir gozando de los múltiples privilegios. Dicen a voz en cuello que “¡el pueblo ha hablado!”, pero en silencio ríen diciendo “¡otra vez han caído con nuestro canto de sirenas!”

SUPUESTO 3: EL universo se puede dirigir…

El universo es demasiado complejo e ininteligible en numerosos aspectos como para que el ser humano pretenda dirigirlo en su avance. Además, ya hemos indicado que la especie humana tiene enormes limitaciones que le impiden gestionar, a veces, su propia vida y menos, entonces, podríamos pedirle que gestione la vida de los demás y su propio entorno.

Y el canto de sirenas socialista sitúa al Estado y su institucionalidad como el gran y fenomenal instrumento con el cual dirigiremos el progreso humano. Es el arma que mejorará nuestra condición de vida y bienestar. Pero, pasan y pasan los años, pasan y pasan los gobiernos socialistas, y estamos cada vez peor.

El universo gira mediante mecanismos que la especie humana jamás descifrará en esta etapa de su evolución porque nuestro cerebro es inútil para comprender o esbozar la maravillosa complejidad de la eternidad que se extiende sobre nosotros…¡Excepto los socialistas….! que creen que el universo puede ser dirigido desde un segundo piso de un palacio.

***

Este es el año en que otra concertación de individuos de izquierda llegarán a La Moneda para intentar transformar nuestras vidas. Esperemos que no lo hagan, porque en caso contrario lo lamentaremos por muchos años más. La pista está muy pesada para seguir implementando cantos de sirena que incrementan la pobreza mental y material a tasas crecientes. ¿Podremos esperar algo de personas que jamás han creado algo que haya mejorado nuestro bienestar?.

PANORAMA Liberal

Jueves 9 Enero 2013

sábado, 4 de enero de 2014

Documentos. ¿QUÉ SIGNIFICA SER LIBERAL? por Carlos Alberto Montaner


Carlos Alberto Montaner Suris es un periodista,
escritor y político cubano, que tiene, además,
la nacionalidad española y la estadounidense.
Ha ganado varios premios relevantes y colaborado con periódicos de renombre internacional
El liberalismo parte de una hipótesis filosófica, casi religiosa, que postula la existencia de derechos naturales que no se pueden conculcar porque no se deben al Estado ni a la magnanimidad de los gobiernos sino a la condición especial de los seres humanos. Esa es la piedra angular sobre la que descansa todo el edificio teórico, y se le atribuye a los estoicos y al fundador de esa escuela, Zenón de Citia, quien defendió que los derechos no provenían de la fratría a la que se pertenecía o de la ciudad en la que se había nacido, sino del carácter racional y diferente a las demás criaturas que poseen las personas.

Antes de definir qué es el liberalismo, qué es ser liberal, y cuáles son los fundamentos básicos en los que coinciden los liberales, es conveniente advertir que no estamos ante un dogma sagrado, sino frente a varias creencias básicas deducidas de la experiencia y no de hipótesis abstractas, como ocurría, por ejemplo, con el marxismo.

Esto es importante establecerlo ab initio, porque se debe rechazar la errada suposición de que el liberalismo es una ideología. Una ideología es siempre una concepción del acontecer humano —de su historia, de su forma de realizar las transacciones, de la manera en que deberían hacerse—, concepción que parte del rígido criterio de que el ideólogo conoce de dónde viene la humanidad, por qué se desplaza en esa dirección y hacia dónde debe ir. De ahí que toda ideología, por definición, sea un tratado de «ingeniería social», y cada ideólogo sea, a su vez, un «ingeniero social». Alguien consagrado a la siempre peligrosa tarea de crear «hombres nuevos», personas no contaminadas por las huellas del antiguo régimen. Alguien dedicado a guiar a la tribu hacia una tierra prometida cuya ubicación le ha sido revelada por los escritos sagrados de ciertos «pensadores de lámpara», como les llamara José Martí a esos filósofos de laboratorio en permanente desencuentro con la vida. Sólo que esa actitud, a la que no sería descaminado calificar como moisenismo, lamentablemente suele dar lugar a grandes catástrofes, y en ella está, como señalara Popper, el origen del totalitarismo. Cuando alguien disiente, o cuando alguien trata de escapar del luminoso y fantástico proyecto diseñado por el «ingeniero social», es el momento de apelar a los paredones, a los calabozos, y al ocultamiento sistemático de la verdad. Lo importante es que los libros sagrados, como sucedía dentro del método escolástico, nunca resulten desmentidos.

Un liberal, en cambio, lejos de partir de libros sagrados para reformar a la especie humana y conducirla al paraíso terrenal, se limita a extraer consecuencias de lo que observa en la sociedad, y luego propone instituciones que probablemente contribuyan a alentar la ocurrencia de ciertos comportamientos benéficos para la mayoría. Un liberal tiene que someter su conducta a la tolerancia de los demás criterios y debe estar siempre dispuesto a convivir con lo que no le gusta. Un liberal no sabe hacia dónde marcha la humanidad y no se propone, por lo tanto, guiarla a sitio alguno. Ese destino tendrá que forjarlo libremente cada generación de acuerdo con lo que en cada momento le parezca conveniente hacer.

Al margen de las advertencias y actitudes anteriormente consignadas, una definición de los rasgos que perfilan la cosmovisión liberal debe comenzar por una referencia al constitucionalismo. En efecto, John Locke, a quien pudiéramos calificar como «padre del liberalismo político», tras contemplar los desastres de Inglaterra a fines del siglo XVII, cuando la autoridad real británica absoluta entró en su crisis definitiva, dedujo que, para evitar las guerras civiles, la dictadura de los tiranos, o los excesos de la soberanía popular, era conveniente fragmentar la autoridad en diversos «poderes», además de depositar la legitimidad de gobernantes y gobernados en un texto constitucional que salvaguardara los derechos inalienables de las personas, dando lugar a lo que luego se llamaría un Estado de Derecho. Es decir, una sociedad racionalmente organizada, que dirime pacíficamente sus conflictos mediante leyes imparciales que en ningún caso pueden conculcar los derechos fundamentales de los individuos. Y no andaba descaminado el padre Locke: la experiencia ha demostrado que las veinticinco sociedades más prósperas y felices del planeta son, precisamente, aquellas que han conseguido congregarse en torno a constituciones que presiden todos los actos de la comunidad y garantizan la transmisión organizada y legítima de la autoridad mediante consultas democráticas.

Otro británico, Adam Smith, un siglo más tarde, siguió el mismo camino deductivo para inferir su predilección por el mercado. ¿Cómo era posible, sin que nadie lo coordinara, que las panaderías de Londres —entonces el 80% del gasto familiar se dedicaba a pan— supiesen cuánto pan producir, de manera que no se horneara ni más ni menos harina de trigo que la necesaria para no perder ventas o para no llenar los anaqueles de inservible pan viejo? ¿Cómo se establecían precios más o menos uniformes para tan necesario alimento sin la mediación de la autoridad? ¿Por qué los panaderos, en defensa de sus intereses egoístas, no subían el precio del pan ilimitadamente y se aprovechaban de la perentoria necesidad de alimentarse que tenía la clientela?

Todo eso lo explicaba el mercado. El mercado era un sistema autónomo de producir bienes y servicios, no controlado por nadie, que generaba un orden económico espontáneo, impulsado por la búsqueda del beneficio personal, pero autorregulado por un cierto equilibrio natural provocado por las relaciones de conveniencia surgidas de las transacciones entre la oferta y la demanda. Los precios, a su vez, constituían un modo de información. Los precios no eran «justos» o «injustos», simplemente, eran el lenguaje con que funcionaba ese delicado sistema, múltiple y mutante, con arreglo a los imponderables deseos, necesidades e informaciones que mutua e incesantemente se transmitían los consumidores y productores. Ahí radicaba el secreto y la fuerza de la economía capitalista: en el mercado. Y mientras menos interfirieran en él los poderes públicos, mejor funcionaría, puesto que cada interferencia, cada manipulación de los precios, creaba una distorsión, por pequeña que fuera, que afectaba a todos los aspectos de la economía.

Otro de los principios básicos que aúnan a los liberales es el respeto por la propiedad privada. Actitud que no se deriva de una concepción dogmática contraria a la solidaridad —como suelen afirmar los adversarios del liberalismo—, sino de otra observación extraída de la realidad y de disquisiciones asentadas en la ética: al margen de la manifiesta superioridad para producir bienes y servicios que se da en el capitalismo cuando se le contrasta con el socialismo, donde no hay propiedad privada no existen las libertades individuales, pues todos estamos en manos de un Estado que nos dispensa y administra arbitrariamente los medios para que subsistamos (o perezcamos). El derecho a la propiedad privada, por otra parte, como no se cansó de escribir Murray N. Rothbard —siguiendo de cerca el pensamiento de Locke—, se apoyaba en un fundamento moral incontestable: si todo hombre, por el hecho de serlo, nacía libre, y si era libre y dueño de su persona para hacer con su vida lo que deseara, la riqueza que creara con su trabajo le pertenecía a él y a ningún otro.

¿En qué más creen los liberales? Obviamente, en el valor básico que le da nombre y sentido al grupo: la libertad individual. Libertad que se puede definir como un modo de relación con los demás en el que la persona puede tomar la mayor parte de las decisiones que afectan su vida dentro de las limitaciones que dicta la realidad. Le toca a ella decidir las creencias que asume o rechaza, el lugar en el que quiere vivir, el trabajo o la profesión que desea ejercer, el círculo de sus amistades y afectos, los bienes que adquiere o que enajena, el «estilo» que desea darle a su vida y —por supuesto— la participación directa o indirecta en el manejo de eso a lo que se llama «la cosa pública».

Esa libertad individual está —claro— indisolublemente ligada a la responsabilidad individual. Un buen liberal sabe exigir sus derechos, pero no rehúye sus deberes, pues admite que se trata de las dos caras de la misma moneda. Los asume plenamente, pues entiende que sólo pueden ser libres las sociedades que saben ser responsables, convicción que debe ir mucho más allá de una hermosa petición de principios.

¿Qué otros elementos liberales, realmente fundamentales, habría que añadir a este breve inventario? Pocas cosas, pero acaso muy relevantes: un buen liberal tendrá perfectamente clara cuál debe ser su relación con el poder. Es él, como ciudadano, quien manda, y es el gobierno quien obedece. Es él quien vigila, y es el gobierno quien resulta vigilado. Los funcionarios, electos o designados —da exactamente igual—, se pagan con el erario público, lo que automáticamente los convierte —o los debiera convertir— en servidores públicos sujetos al implacable escrutinio de los medios de comunicación, y a la auditoría constante de las instituciones pertinentes.

Por último: la experiencia demuestra que es mejor fragmentar la autoridad, para que quienes tomen decisiones que afecten a la comunidad estén más cerca de los que se vean afectados por esas acciones. Esa proximidad suele traducirse en mejores formas de gobierno. De ahí la predilección liberal por el parlamentarismo, el federalismo o la representación proporcional, y de ahí el peso decisivo que el liberal defiende para las ciudades o municipios. De lo que se trata es de que los poderes públicos no sean más que los necesarios, y que la rendición de cuentas sea mucho más sencilla y transparente.

¿QUÉ CREEN, EN SUMA, LOS LIBERALES?

Vale la pena concretarlo ahora de manera sintética. Los liberales sostenemos ocho creencias fundamentales extraídas, insisto, de la experiencia, y todas ellas pueden recitarse casi con la cadencia de una oración laica:

Creemos en la libertad y la responsabilidad individuales como valores supremos de la comunidad.

Creemos en la importancia de la tolerancia y en la aceptación de las diferencias y la pluralidad como virtudes esenciales para preservar la convivencia pacífica.

Creemos en la existencia de la propiedad privada, y en una legislación que la ampare, para que ambas —libertad y responsabilidad— puedan ser realmente ejercidas.

Creemos en la convivencia dentro de un Estado de Derecho regido por una Constitución que salvaguarde los derechos inalienables de la persona y en la que las leyes sean neutrales y universales para fomentar la meritocracia y que nadie tenga privilegios.

Creemos en que el mercado —un mercado abierto a la competencia y sin controles de precios— es la forma más eficaz de realizar las transacciones económicas y de asignar recursos. Al menos, mucho más eficaz y moralmente justa que la arbitraria designación de ganadores y perdedores que se da en las sociedades colectivistas diseñadas por “ingenieros sociales” y dirigidas por comisarios.

Creemos en la supremacía de una sociedad civil formada por ciudadanos, no por súbditos, que voluntaria y libremente segrega cierto tipo de Estado para su disfrute y beneficio, y no al revés.

Creemos en la democracia representativa como método para la toma de decisiones colectivas, con garantías de que los derechos de la minorías no puedan ser atropellados.

Creemos en que el gobierno —mientras menos, mejor—, siempre compuesto por servidores públicos, totalmente obediente a las leyes, debe rendir cuentas con arreglo a la ley y estar sujeto a la inspección constante de los ciudadanos.

Quien suscriba estos ocho criterios es un liberal. Se puede ser un convencido militante de la Escuela austriaca fundada por Carl Menger; se puede ser ilusionadamente monetarista, como Milton Friedman, o institucionalista, como Ronald Coase y Douglass North; se puede ser culturalista, como Gary Becker y Larry Harrison; se puede creer en la conveniencia de suprimir los «bancos de emisión», como Hayek, o predicar la vuelta al patrón oro, como prescribía Mises; se puede pensar, como los peruanos Enrique Ghersi o Álvaro Vargas Llosa, neorrusonianos sin advertirlo, en que cualquier forma de instrucción pública pudiera llegar a ser contraria a los intereses de los individuos; o se puede poner el acento en la labor fiscalizadora de la «acción pública», como han hecho James Buchanan y sus discípulos, pero esas escuelas y criterios sólo constituyen los matices y las opiniones de un permanente debate que existe en el seno del liberalismo, no la sustancia de un pensamiento liberal muy rico, complejo y variado, con varios siglos de existencia constantemente enriquecida, ideario que se fundamenta en la ética, la filosofía, el derecho y -naturalmente- en la economía. Lo básico, lo que define y unifica a los liberales, más allá de las enjundiosas polémicas que pueden contemplarse o escucharse en diversas escuelas, seminarios o ilustres cenáculos del prestigio de la Sociedad Mont Pélerin, son esas ocho creencias antes consignadas. Ahí está la clave.

Autor: Carlos Montaner, http://www.elcato.org/que-significa-ser-liberal

Carlos Alberto Montaner es periodista y escritor cubano. Su columna semanala aparece en varias docenas de diarios de América Latina, España y Estados Unidos. Este es el texto del discurso ante la Universidad ElCato-Francisco Marroquín en Ciudad de Guatemala, Guatemala, 25 de enero de 2009.

PANORAMA Liberal

Sábado 4 Enero 2014

viernes, 3 de enero de 2014

Opinión. UNA FÁBULA PARA COMENZAR EL AÑO: “¿COMO ENTENDER EL SOCIALISMO?”


¿Será posible hacer comprender a las grandes mayorías del
significado del socialismo como error intelectual?
Ahora que comienza el año 2014, y se nos viene encima un gobierno socialista repleto de “buenas y nobles intenciones”, no debemos olvidar que el camino a infierno está construido sobre los cráneos de millones y millones de personas que alguna vez tuvieron buenas y nobles intenciones. Por eso, conviene entender cómo funciona el socialismo, ¿qué es?, ¿en qué consiste?, ¿qué significa? y ¿cuáles son sus principios básicos?. Por lo tanto, vale la pena intentar ejemplificar, en base a unos sencillos razonamientos, como funciona el socialismo.

LA FÁBULA “CÓMO ENTENDER EL SOCIALISMO”

Había una vez en un lejano país que la gente comenzó a salir a las calles para reclamar por tener una educación basada en principios socialistas.

Y las universidades que se preciaban de ser instituciones de excelencia comenzaron a exigir a sus docentes que aplicaran dichos principios tan sabios en sus respectivos cursos.

Así fue que un profesor se enfrentó a esta situación durante la presentación de su tema, economía. Porque en medio de la introducción a dicha asignatura se suscitó un debate entre el profesor y un grupo de alumnos, quiénes insistían que los nuevos principios socialistas eran la clave para mejorar el rendimiento en educación, ya que de esa manera se derribarían las barreras de las clases sociales y todos seríamos iguales. Así, planteaban:

 - Alumnos: “Así cómo la producción y la riqueza deben ser repartidas igualitariamente entre todos para el beneficio común, la educación debe ser igualitaria…Por eso, debemos lograr que la igualdad educativa sea el hilo conductor de toda la sociedad…Por lo tanto, le solicitamos a nuestro profesor que defina la forma en que estos principios, tan vitales para las grandes mayorías, se hagan carne en la asignatura de Economía…”.

Los aplausos de los adherentes a esta propuesta eran enormes y resultaba imposible escuchar las otras posturas. Luego de hacerse un relativo silencio, el docente, viejo lobo de mar de la educación, pidió la palabra y les dijo lo siguiente:

 - Profesor: “Jóvenes queridos, vuestra enorme pasión me hacen pensar en lo viejo que me he puesto…Y tampoco me olvido de mis principios, por lo que les propongo, como expresión democrática y para respetar el deseo de la mayoría, que votemos por las siguientes alternativas…

…Alternativa 1: En las dos cátedras y examen, cada uno obtendrá la nota individual en función de su propio esfuerzo o…

…Alternativa 2: En las dos cátedras y examen, y para poner en plena práctica vuestros deseos de igualdad y justicia social, les propongo que la nota que obtengan cada uno de ustedes sea el promedio que obtenga el curso entero. Es decir, la nota será igualitaria y cada uno obtendrá como calificación el resultado del estudio y esfuerzo común, de todos…”

Aunque no todos los estudiantes entendieron muy bien la Alternativa 2, aquellos que valoraban menos el estudio y que eran los más numerosos, votaron de inmediato la propuesta de la Alternativa 2, logrando fácilmente la mayoría de los votos.

Al llevarse a cabo la primera cátedra, las calificaciones promediaron un 5.0 para todos. Como es natural, los buenos estudiantes, que habían obtenido notas superiores por el mayor esfuerzo y preparación estaban disconformes, mientras que los malos estudiantes que habían obtenido notas reprobatorias porque NO habían estudiado se encontraban muy satisfechos y felices.

Los comentarios comenzaron a escucharse…

 - Buen Alumno: “¿Qué saco con prepararme y esforzarme si al final obtengo la misma nota que los que no hacen nada”

 - Mal Alumno: “¿Obtener más con menor esfuerzo? ¡Excelente idea! ¿A quién no le conviene?”

Poco a poco, la motivación de los buenos estudiantes fue decayendo; se perdió el entusiasmo y el afán de superación; nadie quiso ya estudiar ni hacer tareas ni dedicarle más tiempo a la materia. El interés se desplomó...¡Era de esperarse!. Mientras tanto, los malos estudiantes se decían “¿para qué estudiar…que los hagan los otros?”.

Y, llegó el momento de la segunda cátedra.

 - Mal Alumno: “¿Para qué pierdo mi tiempo en estudiar?…¡Que estudien los otros…si al final todos obtendremos la misma nota!”.

Así, el mal alumno estudió aun menos.

 - Buen Alumno: “Para que pierdo mi tiempo en estudiar si al final los más flojos me perjudicarán igual?, ¿Qué gano con esforzarme si no podré obtener la nota que merezco? ¿Para qué desvelarme estudiando  si de todos modos no se toma en cuenta mi esfuerzo?”.

Y...los buenos alumnos también estudiaron menos.

Por lo tanto, el promedio de la segunda cátedra fue 4.0…¡el mínimo de aprobación!.

El curso se estaba alborotando porque nadie parecía estar conforme. Los buenos estudiantes se quejaron de que no tomaban en cuenta su dedicación ni esfuerzo, pero los malos estudiantes planteaban que los otros debían esforzarse más porque era totalmente justo obtener mejores notas a través del esfuerzo de los demás, pues las calificaciones tenían que obtenerse y “repartirse igualitariamente entre todos...”. ¡Y aun exigían más…Deseaban que estos principios básicos del socialismo fueran obligatorios en toda la universidad para todos los cursos y carreras!.

Y, llegó la hora del examen final, clave para la aprobación-reprobación de la asignatura. Y el promedio fue de 2.0 (dos)…¡Todo el curso había reprobado!.

Y el curso se alborotó, dando inicio a una pequeña revolución, buscando al culpable…Los estudiantes comenzaron a pelear entre sí culpándose unos a otros por los fracasos obtenidos hasta llegar a los resentimientos, los insultos, e inclusive a los golpes, ya que ninguno estaba dispuesto a dar su brazo a torcer y reconocer lo que habían hecho...

Y, hablaron los malos alumnos en primer lugar...

 - Mal Alumno: “¿Cómo es posible que esto haya sucedido?, ¿en dónde quedó la solidaridad y la igualdad?, ¿de qué sirven los nobles principios socialistas si algunos no cumplen el papel que les corresponde?, ¿Cómo es posible que los alumnos más dotados no hagan el aporte social que les corresponde hacer?...La culpa es de ellos por no hacer su aporte…”.

Así, luego hablaron los buenos alumnos...

 - Buen Alumno: “Ustedes, nos culpan a nosotros de la situación generada, pero ¿cuál fue el aporte de ustedes?, ¿les conforma no hacer nada, descansar y esperar seguir viviendo a costa nuestra?, ¿es justo que ustedes no hagan nada?, ¿es justo que vivan del esfuerzo de otros?, ¿qué ganamos con esforzarnos si no podremos obtener para nosotros los resultados que merecemos?, ¿para qué desvelarnos estudiando si de todos modos no se toma en cuenta nuestro esfuerzo?...¡Y nos culpan a nosotros…!...La culpa es de ustedes por su desidia y falta de interés…”.

El curso entero había reprobado, y el profesor preguntó:

 - Profesor: “¿Han comprendido el significado del socialismo y su alternativa?...”.

La lección había terminado.

Moraleja: El ser humano está dispuesto a sacrificarse trabajando muy duro cuando la recompensa es atractiva y justifica el esfuerzo propio; pero cuando, por alguna razón, se suprimen dichos incentivos y le arrebatan a los que más producen para entregarle a los menos productivos, al final nadie va a hacer ya el sacrificio necesario para lograr la excelencia. Por supuesto que no. ¿Para qué?. Al final el fracaso será general.

PANORAMA Liberal

Viernes 3 Enero 2014

Chistes Liberales. PEPITO EN UNA ESCUELA POSTERIOR A LA REFORMA EDUCACIONAL DE BACHELET

¿Se sabe la respuesta...?
En una escuela reformada por la política educacional de Bachelet, una profesora pregunta a sus alumnos:

 - A ver niños, ¿quién de ustedes es socialista?

Ante esta pregunta todos los niños vestidos con el mismo uniforme caqui, levantaron las manos efusivamente, todos excepto uno, Pepito. 

Al ver esto la maestra se le acerca y pregunta:

  - Pepito ¿por qué no eres socialista?

Y éste le contesta:

  - Porque soy de derecha, señorita.

Ésta preocupada, le dice:

  - ¿De derecha? ¿Cómo puedes decir eso?; en este país ser “de derecha” es ser la imagen eterna del lucro, desigualdad, avaricia y corrupción… ¿por qué dices que eres “de derecha”?

Y Pepito le responde:

  - Por solidaridad, señorita.

La profesora intrigada le dice:

  - ¿Cómo es eso?

Y él responde:

  - Bueno, señorita, mi papá era el secretario de la sede de Manuel Montt de Renovación Nacional; mi mamá es la secretaria de la ex ministra Matthei; mi abuelo fue uno de los fundadores, en los años 50, del partido conservador; mi tío es un diputado por la UDI; mi hermano es militante de los jóvenes de Renovación Nacional; y mi hermana mayor trabaja en la Fundación Futuro del señor Piñera…Por eso, señorita, no me queda más que ser de derecha...

La profesora asombrada le dice:

 - ¡Pero eso es absurdo y fuera de todo sentido! ¿Y si tu mamá hubiese sido una ladrona, tu papá un corrupto, tu abuelo un coimero, tu tío un sinverguenza, tu hermano un flojo y tu hermana una drogadicta resentida…¿qué serías tú entonces?

Y Pepito le contesta:

- ¡Socialista!, señorita.

PANORAMA Liberal

Viernes 3 Enero 2013